Dengue, la silenciosa epidemia que trae el cambio climático

Los expertos sospechan que el cambio climático está detrás del aumento de la población de mosquitos portadores de enfermedades como el dengue o el zika, aumentando los casos de estas enfermedades.


Cuando analizamos el cambio climático solemos hacer hincapié en muchas de sus consecuencias por todos conocidas, como por ejemplo la extinción de ciertas especies de animales, el derretimiento de los glaciares, la contaminación del aire, y otras tantas que, sin embargo, no deberían tapar a algunas descubiertas más recientemente.

Ocurre que, mientras pensamos en los efectos futuros del calentamiento global y el cambio en las condiciones climáticas de los próximos años, estamos desatendiendo problemáticas que pueden suponer un grave riesgo para la vida humana en la actualidad.

En México, sin ir más lejos, podemos ver cómo el número de personas infectadas por dengue ha crecido de forma exponencial en los últimos meses, cuando hasta hace no mucho tiempo ni siquiera se tenía conocimiento de su existencia en algunas regiones locales.

Esta enfermedad, producida por el virus homónimo y que transmite el mosquito Aedes Aegypti, va camino de convertirse en un inconveniente grave considerando el aumento general en la temperatura de la biosfera, que lleva a estos insectos a asentarse, y reproducirse, en muchos sitios en los que antes hubiera sido impensado verlo.

La especie en cuestión, que no sólo tiene una gran capacidad natural para enfrentar situaciones adversas como la sequía o el frío extremo, está viendo además que muchos lugares del mundo en los que su supervivencia era insostenible, ahora admiten sus poblaciones.

El dengue, sólo una muestra

Si analizamos las estadísticas que abarcan no sólo en dengue sino también la fiebre amarilla, el zika y chikungunya, podemos ver rápidamente que dejaron de ser enfermedades que sólo se veían en las partes tropicales de América y Asia, para llegar a muchas nuevas partes del mundo.

A medida que el termómetro mundial ha ido subiendo, los mosquitos portadores han ido colonizando latitudes como por ejemplo el norte de México o el sur de los Estados Unidos, donde las medidas de seguridad para detener su avance y el conocimiento de las personas para frenar su propagación son muy menores que en otras partes.

El dengue se transmite por la picadura del mosquito Aedes Aegypti.

En México, regiones como Jalisco son la prueba de que los mosquitos que transmiten estas enfermedades no sólo se multiplican durante la temporada de lluvia habitual, sino que se los pueden hallar ya casi todo el año, lo que dificulta el retroceso del virus.

Según los últimos datos que arrojó la Secretaría de Salud local, durante la última década no ha habido un sólo mes en el que no se haya registrado al menos un caso confirmado de dengue, mientras que el período que va de junio a noviembre enseña tasas de crecimiento de la enfermedad que hubieran sido impensadas hace unos años.

El control del virus, nada sencillo

Desde la Organización Mundial de la Salud –OMS- ya se ha reconocido hace tiempo lo difícil que resulta controlar los mosquitos, y la gran importancia que tiene la prevención, sobre todo pensando en evitar el acumulamiento de agua sucia, donde encuentra un hábitat ideal para reproducirse.

Lo más grave del caso es que estas especies parecen estar evolucionando, e incluso cuando los encharcamientos en cuestión se secan al poco tiempo de dejar allí los huevos, éstos son capaces de permanecer en latencia durante meses hasta que regrese el tiempo húmedo, sin interrumpir el ciclo vital.

Los especialistas de la OMS aclaran por otro lado que, aunque no está mal recurrir a los insecticidas para controlar este tipo de plagas, únicamente deberíamos utilizarlos cuando se haya declarado una emergencia epidemiológica y la prevención no haya funcionado, ya que hablamos de químicos que también eliminan especies beneficiosas, como las abejas.

En países como Brasil o Burkina Faso, mientras tanto, se están utilizando métodos como el denominado “control biológico”, que consiste en modificar genéticamente algunos ejemplares para que, tras el apareamiento, sus descendientes no sobrevivan más allá de las fases larvarias, reduciendo las poblaciones de estas especies.

Más allá de eso, los científicos aseguran que ninguno de los métodos que puedan desarrollar será suficiente respuesta si el clima en todo el planeta sigue aumentando su temperatura, ya que se trata del caldo de cultivo ideal para los mosquitos y otros insectos que transmiten virus mortales.

Si estas especies se encuentran hoy ocupando la mitad del planeta, las estimaciones de la OMS sugieren que, para dentro de medio siglo, podremos hallar ejemplares transmisores en todas partes del mundo, incluso en Groenlandia o el Ártico. Para entonces, detener el dengue será imposible.


¿TE GUSTA? ¡COMPARTELO CON TUS AMIGOS!