El riesgo de una pandemia global está creciendo, según la OMS

La Organización Mundial de la Salud advierte que el crecimiento del riesgo de padecer una pandemia a nivel mundial es cada vez más real y aconseja a los mandatarios tomar las medidas necesarias para estar preparados.


Durante décadas las posibilidades de que se produzca una pandemia global, como las que en siglos pasados aniquilaron buena parte de las poblaciones de diferentes partes del mundo, estaban absolutamente descartadas por los científicos.

Sin embargo, hace ya un tiempo que esta situación ha cambiado y los especialistas de la Organización Mundial de la Salud -OMS- vienen alertando acerca de este peligro, y no sólo por el fenómeno en sí, sino también por lo mal preparados que estaríamos para afrontarlo.

“Durante demasiado tiempo, hemos permitido un ciclo de pánico y abandono cuando se trata de pandemias: aumentamos los esfuerzos cuando hay una amenaza grave y luego nos olvidamos de ellos rápidamente cuando la amenaza desaparece. Ya es hora de actuar”, detalla el último informe de este organismo, referencia a nivel internacional.

El estudio, que fue publicado en estos días y en el que han trabajado expertos y funcionarios de la salud de todo el planeta, cita la pandemia de influenza de 1918 como una buena muestra del tipo de pandemia que podría afectar el mundo en los próximos años.

En aquel momento, esa enfermedad propagada causó la muerte de 50 millones de personas, y las proyecciones indican que, por mucho que haya avanzado la tecnología médica, hoy la cifra de fallecidos no bajaría de los 80 millones, destruyendo a su vez el 5% de la economía mundial.

Consecuencias de todo tipo

Si bien la aparición de pandemias suele traducirse primero que nada en el deceso de buen número de quienes contraen las enfermedades en cuestión, pudimos ver por ejemplo con el brote de ébola en África occidental cómo todo el funcionamiento de las naciones se detiene, lo que genera pérdidas de miles de millones de dólares y otros costos sociales.

Podemos decir que la ciencia se fija sobre todo en las pérdidas y consecuencias humanas, pero lamentablemente en los tiempos que corren, muchas veces es más fácil convencer a los mandatarios de tomar medidas enseñándoles los fríos números.

Situaciones tales como “pérdida de empleos, desplazamiento forzado, atención médica inaccesible y mayor índice de mortalidad”, se multiplicarían además a partir de la mayor densidad población de las grandes urbes, como por la facilidad que tenemos los hombres y mujeres para desplazarnos en este mundo respecto del de hace un siglo.

A su vez, el cambio climático del que tanto hablamos colabora poco o nada de cara a estos riesgos, ya que el calentamiento global que lo produce también aumenta las probabilidades de contagiarnos de enfermedades transmitidas por mosquitos como el zika y el dengue que se espera lleguen, en los próximos años, a nuevas ciudades.

Sólo tomando estos casos, los estudios preliminares señalan que 1.000 millones de personas más estarán en riesgo de contraer estas enfermedades en países de Europa, los Estados Unidos y Canadá, regiones además no preparadas para revertir su avance.

De todos modos, los científicos se manifiestan preocupados principalmente por las naciones de menores recursos, que suelen ser las que sufren más las consecuencias de las pandemias debido a sus frágiles sistemas de salud pública, como pudimos ver recientemente en la República Democrática del Congo, arrasada por los brotes de ébola.

“Todas las partes de la sociedad y la comunidad internacional han avanzado en la preparación para enfrentar emergencias de salud, pero los esfuerzos actuales siguen siendo extremadamente insuficientes”, concluye el informe que nos congrega.

Incluso, por curioso que parezca, muchos de los avances tecnológicos que han colaborado con el control de estas enfermedades, también pueden ser los causantes de nuevos entornos para la proliferación de pandemias hasta ahora desconocidas.

Entre los problemas que se afrontan y que van casi de la mano de este persistente riesgo aparecen algunos como la “falta de voluntad política continua”, que se atribuye al desinterés de los líderes nacionales por temáticas que no reditúan en dinero… o en votos.

De hecho, aunque tenemos un Reglamento Sanitario Internacional, la verdad es que muchos de los países que se han adherido al mismo no cuentan con el potencial necesario para cumplir con los requisitos pautados, y tampoco tienen apoyo de la comunidad internacional, algo que se esperaba al ser prometido previamente por los integrantes del G7, el grupo más rico del mundo.

No hace mucho, desde la OMS pidieron a los referentes políticos que lleven adelante ciertas medidas concretas para reducir el peligro de una nueva pandemia global, desarrollando sistemas de preparación o monitoreando el progreso de algunas cepas de ellas.


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