Encallarán un barco en el Ártico para estudiar el cambio climático

Se trata de la mayor expedición de científicos en el Ártico para estudiar a fondo el cambio climático. Más de 600 expertos viajarán a bordo del buque Polarstern para encallar durante 13 meses en Groenlandia.


Cuenta la historia de la ciencia que hace más de un siglo, en el año 1893 para ser más precisos, el explorador noruego Fridtjof Nansen encalló su embarcación de madera en el hielo de Siberia, para estudiar junto a un grupo de tripulantes, los procesos que surgían naturalmente y con el paso del tiempo, en aquella porción del océano.

Con el paso de las décadas, lamentablemente debemos decir que muchos de los procesos en cuestión tienen más bien poco de natural, y sin embargo lo interesante es que podemos aprovechar aquellas viejas técnicas para intentar detener los efectos que el calentamiento global está provocando sobre las grandes masas de hielo.

En efecto, una expedición internacional a bordo del buque alemán Polarstern y que forma parte de la misión MOSAiC -Observatorio Multidisciplinario a la Deriva para el Estudio del Clima Ártico-, realizará una tarea similar desde mediados de este mes en el Estrecho de Fram.

Según han confirmado los científicos que formarán parte del estudio, esta nave de 120 metros de longitud será encallada entre la costa de Groenlandia y el archipiélago noruego de Svalbard, llevando consigo a más de 600 científicos de 17 países de todo el planeta.

La odisea, que comenzará el próximo día 20 desde Tromsø, Noruega, tendrá una duración de 13 meses, y consiste más que nada en anclar el barco a un témpano en esta parte siberiana del Ártico, esperando a que el agua se congele alrededor del casco, dejándolo encallado.

Un periplo muy arriesgado

A partir de eso, los investigadores tendrán la posibilidad de “estudiar las consecuencias regionales y globales del cambio climático, la pérdida de hielo marino y cómo mejorar las predicciones climáticas” en el Polo Norte y también a nivel global.

Por supuesto, los científicos actuales estarán lejos de pasar por las penurias de aquellos de hace un siglo, al punto de que cada tres meses el barco recibirá alimentos y otros productos para quedar completamente reestablecido, y además parte de su tripulación rotará durante los meses de invierno, cuando las horas de luz disminuyan y las condiciones de vida empeoren.

En cualquier caso, no se descartan dificultades ya que, en esa parte del calendario, el Polarstern estará encallado en uno de los puntos más inaccesibles del planeta, y es posible que, en algún momento, se pierda contacto con el rompehielos.

La misión, cuyo coste será de alrededor de 158 millones de dólares, tiene previstas emergencias como por ejemplo la construcción de una pista de hielo en la zona por si se requieren aviones, como así también colocar suministros de combustible en las islas rusas más cercanas.

Pero la incomunicación no será el único de los inconvenientes con los que puedan encontrarse estos intrépidos científicos, ya que van preparados también para la aparición de osos polares, utilizando un sistema de cámaras con escáneres térmicos, como así también colocando trampas y teniendo preparadas patrullas con rifles en caso de que su vida esté en juego.

El factor psicológico

Sin embargo, quienes participarán de este estudio creen que su principal enemigo no serán estas fieras hambrientas ni el posible aislamiento o la falta de alimentos, sino sobre todo la capacidad de adaptarse mentalmente a vivir en esas condiciones.

Rolf Gradinger, de la Universidad Ártica de Noruega y participante del evento, ha remarcado que “para quien no esté acostumbrado, será un entorno bastante exigente y de alto estrés”, y es por eso que han tomado todo tipo de recaudos al respecto.

Por eso, el Polarstern cuenta con comodidades como por ejemplo una sauna, una pileta climatizada, y hasta dos bares con diferentes bebidas alcohólicas que “favorezcan la sociabilización y fomenten la camaradería”, como han señalado los organizadores.

Un área muy sensible

Muy agradecidos deberemos estar con estos científicos que juegan su vida para conocer más de cerca qué es lo que está ocurriendo en el Ártico con el cambio climático, una región con registros de calentamiento de más del doble del promedio mundial.

“Podemos hacer mucho con la robótica y la tecnología, pero al final la observación directa, manual y sin medición es la clave”, añade otro de los participantes en este proyecto, el físico alemán Marcel Nicolaus, del Alfred Wegener Institute, quien explica que por eso levantarán un campamento de forma temporal en las inmediaciones de la embarcación, cuando el clima lo permita.

Para obtener la información que están buscando, se servirán tanto de instrumentos de seguimiento general como de boyas, lo que les permitirá medir las modificaciones en la altura del agua, y complementar esos datos con los de sensores de última generación.


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