Expertos advierten sobre el aumento de metilmercurio tóxico en peces

Últimos estudios detectan una subida importante de los niveles de un componente tóxico en algunas especies de peces que consumimos. ¿Seguirá siendo tan bueno el consumo de pescado como nos decían?


Consumir pescado, algo que siempre se ha considerado saludable, pronto podría transformarse en toda una amenaza para nuestro bienestar físico, atendiendo al ya irreversible aumento del metilmercurio neurotóxico nocivo en los peces de consumo sobre el que alertan los científicos.

Más allá de los estudios previos que confirman esta cuestión, una investigación reciente realizada por expertos de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas John A. Paulson de Harvard y la Escuela de Salud Pública Harvard TH Chan School, explica cómo algunas de las especies que se comercializan para alimentación de los humanos se están volviendo más peligrosas.

Entre ellas aparecen por ejemplo el bacalao, el atún rojo del Atlántico y el pez espada, cuyos niveles de metilmercurio detectado en los últimos ejemplares que fueron analizados demuestra un notable aumento de este componente de riesgo para los seres humanos.

Este informe, publicado en la revista especializada Nature, da cuenta de un revelamiento que ha permitido desarrollar un modelo integral gracias al cual los científicos pueden comprobar cómo los factores ambientales inciden en la salud de los peces de consumo, en el caso sobre todo de parámetros como la temperatura del mar o la sobrepesca.

Los niveles de metilmercurio, en alza

Si bien es cierto que los trabajos a nivel internacional para regular las emisiones de mercurio han reducido en los últimos años los niveles de metilmercurio en los peces, otras causas están produciendo un aumento que anula cualquier buena noticia, como por ejemplo el aumento de las temperaturas promedio de los mares y océanos del mundo.

Elsie Sunderland, profesora de Química Ambiental Gordon McKay en estas dos instituciones y una de las autoras principales del artículo en cuestión, ha manifestado ante los medios que “esta investigación es un avance importante en la comprensión de cómo y por qué los depredadores oceánicos, como el atún y el pez espada, están acumulando mercurio”.

El pez espada es uno de los más contaminados por metilmercurio.

“Poder predecir el futuro de los niveles de mercurio en los peces es el santo grial de la investigación sobre el mercurio. Hasta ahora no teníamos una buena comprensión de por qué los niveles de metilmercurio eran tan altos en los peces grandes”, añade su compañera Amina Schartup.

Esta variante del mercurio orgánico es capaz de acumularse en las redes alimentarias, lo que significa que aquellos seres vivos que se encuentran en la parte superior de esta cadena, casi siempre tendrán un nivel más alto de metilmercurio en su organismo que los del tramo inferior.

No afecta igual a todos los peces

Para comprobar cómo se han elevado los niveles de este componente tóxico en los peces de consumo más habitual en las poblaciones urbanas, estos expertos tuvieron en cuenta los datos de los últimos 30 años para el ecosistema del Golfo de Maine, reparando sobre todo en el contenido del estómago de los principales depredadores marinos.

Por ejemplo, en el caso del bacalao pudieron ver cómo la presencia de metilmercurio era entre 6% y 20% menor en 1970 que en el año 2000, mientras que en el caso del pez espinoso la evolución del problema estaba siendo incluso más acelerada.

¿Y por qué estas diferencias? Los investigadores notaron que ante la escasez de su principal alimento, el arenque, estas dos especies recurrieron a sustitutos diferentes, ya que el bacalao comenzó a alimentarse de peces pequeños como las sardinas, mientras que el pez espinoso comenzó a consumir otros de mayor tamaño como el calamar.

El bacalao, otro de los peces de consumo que contiene metilmercurio.

Por otro lado, estos científicos han dado cuenta también de que existen factores como por ejemplo el tamaño de la boca de los peces, el cual puede favorecerles o desfavoreceles al momento de detectar metilmercurio dentro de sus organismos.

Por ejemplo, los cefalópodos y el pez espada son capaces de alimentarse de presas más grandes ya que van comienzo poco a poco a su presa, lo que significa que toman nutrientes de animales de mayor tamaño, que se han alimentado de otros antes. Con esta multiplicación de la cadena alimentaria, sus niveles de metilmercurio se vuelven mayores que en otros casos.

“Siempre ha habido un problema al modelar los niveles de metilmercurio en organismos porque no siguen los patrones de bioacumulación típicos en función de su tamaño”, explica la misma Sunderland en este sentido, antes de agregar que “sus patrones de alimentación únicos hacen que puedan comer presas más grandes, lo que significa que están comiendo cosas que han bioacumulado más metilmercurio”.

Y como decíamos antes, otro factor no menor tiene que ver con la temperatura del agua, ya que a medida que sube el promedio a nivel oceánico y marítimo, los peces requieren de mayor energía para desplazarse, y por ende de más alimento para recuperar ese gasto.

Según las previsiones de estos científicos, si la temperatura del agua en todo el planeta aumentara un 1º C, eso significaría casi automáticamente que la mayoría de las especies de peces que consumimos aumente un 30%, como mínimo, sus niveles de metilmercurio.

Mientras tanto, si se pudieran hacer los esfuerzos necesarios como para reducir un 20% las emisiones, y si se lograra evitar un cambio brusco en la temperatura del agua del mar, se reduciría el nivel de metilmercurio en especies como el bacalao en otro 20%.

Si queremos cuidarnos y seguir pensando que alimentarse con peces es una buena idea, debemos velar entonces por mantener las temperaturas promedio de las aguas internacionales en los niveles de las últimas décadas, o nos veremos obligados a abandonar o reducir este tipo de alimentación.


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